Día Mundial de la Prevención del Embarazo No Planificado en Adolescentes

Esto es lo mejor que se puede hacer siempre, trabajar e invertir recursos en PREVENCIÓN 🌸 Yo no soy ninguna experta en sexología, pero tras varios años acompañando a, por un lado, adolescentes que se quedan embarazadas y buscan ayuda … Sigue leyendo

Mujeres del mundo: ¡rebelaos!!

Os comparto una campaña “solidaria” (para recaudar fondos!) en la que se hace creer que es positivo dejar que la mujer embarazada “decida” ser madre (como si no lo fuera desde el momento de la fecundación) y cómo “curiosamente” solo se muestran mujeres NO BLANCAS.

¡Comparte para que se enteren todas las mujeres del mundo!!! 💜💙🖤💛💚🧡

Lágrimas de leche: cómo afrontar el duelo por una muerte perinatal

Shutterstock / Maria Siubar

Isabel María Fernández Medina, Universidad de Almería; Cayetano Fernández Sola, Universidad de Almería; José Granero Molina, Universidad de Almería; José Manuel Hernández Padilla, Universidad de Almería; María del Mar Jiménez Lasserrotte, Universidad de Almería; María Dolores Ruiz-Fernández, Universidad de Almería y María Isabel Ventura-Miranda, Universidad de Almería

“No hay latido…” o “lo siento, el bebé ha fallecido” son las peores frases que quién está esperando un hijo, o cuando este acaba de nacer, puede escuchar. Esas palabras marcan un antes y un después en su vida. De repente, se acaba un tiempo de felicidad e ilusión que da paso a una gran pena y melancolía.

Durante los últimos años, la atención sanitaria de la mujer embarazada y del bebé ha mejorado notablemente. A pesar de ello, alrededor de 2 500 niños siguen falleciendo cada año en España durante la etapa perinatal, periodo que incluye entre la semana 22ª de embarazo y las primeras cuatro semanas de vida del bebé. Estas pérdidas provocan un gran sufrimiento en los progenitores y, también, en los profesionales sanitarios que los atienden.

Actualmente, es un tema tabú. La sociedad piensa que este tipo de pérdidas son menos dolorosas, y los afectados tienen que continuar con su vida como si no hubiese pasado nada.

La falta de reconocimiento social del bebé como una persona real hace que los progenitores no puedan expresar públicamente sus sentimientos. Por tanto, estos se sienten incomprendidos y viven su duelo en soledad. Además, la falta de recuerdos del bebé complica la superación de la pérdida.

¿Por qué los pechos producen leche si el bebé ya no está?

Hoy en día, se sabe mucho sobre los beneficios de la leche materna para el bebé y su madre. Por el contrario, poco se conoce sobre lo que pasa con este alimento básico cuando se produce una muerte perinatal.

Algunas mujeres que pierden a sus bebés durante el embarazo se sorprenden cuando empiezan a producir leche. El cuerpo de la gestante no entiende que el bebé ha muerto y la naturaleza siempre sigue su curso. Tras el nacimiento y la expulsión de la placenta, órgano que proporciona oxígeno y alimentación al bebé durante el embarazo, empiezan a liberarse una serie de hormonas que provocan la salida de leche.

¿Entonces? En el hospital, a la mujer se le da una fármaco para cortar esta producción. Se piensa que así va a sufrir menos, ya que no tiene un bebé al que alimentar. Las madres toman la pastilla muchas veces sin preguntar o sin saber para lo que es. Sin embargo, no siempre funciona, y algunas mujeres tienen después una inflamación de los pechos por el estancamiento de la leche.

La donación de leche: un acto altruista que alivia el dolor

No todas las madres desean cortar la producción, sino que prefieren continuar con ella y vivir la única experiencia de la maternidad que les queda.

Si no existen otros hijos mayores a los que alimentar con esta leche, las mujeres tienen la opción de donarla a un banco para aquellos niños que han nacido antes de tiempo o están enfermos, y su madre no puede dársela.

Las mujeres que han donado su leche tras perder a su hijo comentan que este acto ha sido como un salvavidas para ellas. Les ha proporcionado un sentido de propósito en un momento en el que se encontraban totalmente perdidas. Además, les ha ayudado a sobrellevar los sentimientos de dolor.

Muchas de las mujeres que han sufrido una pérdida perinatal se sienten culpables por no haber podido salvar la vida de su hijo. Al donar leche, ayudan a salir adelante a otros niños, y eso provoca una disminución del sentimiento de culpabilidad. La donación es vivida por las mujeres como una ceremonia conmemorativa en la que pueden honrar la corta vida de su vástago y darle un lugar en el mundo.

El ritual repetitivo de extraer la leche es una forma de llorar la pérdida. También es un momento para conectar con el recuerdo, lo que les permite aceptar e integrar la muerte de sus bebés en sus vidas.

Sin embargo, también posee un lado peligroso: algunas madres no quieren perder el vínculo con su bebé y se resisten a abandonar la donación. El fin de este acto es habitualmente vivido como una etapa de tristeza y nostalgia.

Romper el tabú de la lactancia en duelo

La pérdida de un bebé es un drama socialmente invisible. Esta falta de reconocimiento social provoca que las mujeres se sientan como madres negadas por la sociedad. Por ello, algunas de las que han experimentado una pérdida perinatal y decidieron donar su leche se sienten en la obligación de educar al resto de la sociedad en términos de lactancia en duelo.

Estas mujeres creen que la extracción y la donación de leche contribuyen a hacer visible que la pérdida de un hijo es igual o a veces más dolorosa que la muerte de un niño con más edad. No es solamente la pérdida del bebé, sino también la de un proyecto de vida.

Hablar de la donación de leche con la familia y amigos, así como mostrarse públicamente durante las extracciones, podría ayudar a romper el tabú cultural contra el duelo perinatal. Además, contribuiría a la recuperación de un duelo actualmente desautorizado.The Conversation

Isabel María Fernández Medina, Enfermera especialista en pediatría. Profesora en el Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina, Universidad de Almería; Cayetano Fernández Sola, Associate professor, Universidad de Almería; José Granero Molina, Profesor Titular de Universidad, Cuidados Críticos Enfermería., Universidad de Almería; José Manuel Hernández Padilla, Head of department, Universidad de Almería; María del Mar Jiménez Lasserrotte, Profesora Ayudante Doctor. Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina. Facultad Ciencias de la Salud, Universidad de Almería; María Dolores Ruiz-Fernández, Profesora Titular Universidad. Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina. Facultad Ciencias de la Salud, Universidad de Almería y María Isabel Ventura-Miranda, profesora ayudante doctora en el Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina, Universidad de Almería

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

«CUANDO ME AME DE VERDAD»

Cuando me amé de verdad, por Charles Chaplin

chaplinCuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin.

https://periodicoelamanecer.wordpress.com/2013/01/31/cuando-me-ame-de-verdad-por-charles-chaplin/

El ateo que se fue al cielo

palabras a flor de piel

Historieta: Trino Historieta: Trino

(Da cilck sobre la imagen para ampliarla)

Hace unas semanas les pedí a los seguidores de este blog que me recomendaran a sus humoristas gráficos preferidos, para compartirlos con la comunidad en los lunes «de monos». Tenía tiempo de no revisar el trabajo del mexicano Trino, pero gracias a que Josdamet lo puso sobre la mesa me asomé al blog del ilustrador de Guadalajara y me divertí mucho. Para arrancar la semana aquí va un cartón suyo, a propósito de estos días en los que la religiosidad de unos se desborda y la de otros, que no tenemos, se sienta en la banca a mirar. Según Trino, uno igual puede irse al cielo.

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TRUCOS PARA UNA VIDA LIBRE DE CACA

LA CACA, por mucho que llevemos toda la vida oliéndola, intercambiándola o incluso tragándola, SIEMPRE NOS HACE SENTIR MAL.

Nuestro cuerpo, así como nuestro corazón y espíritu están CONCEBIDOS PARA RECIBIR ÚNICAMENTE COSAS BONITAS, PURAS Y NUTRITIVAS (de ahí la importancia de consumir ecológico. Ahí queda esa cuña!)

Por eso que proponerse NO ACEPTAR NINGUNA CACA ES ESENCIAL PARA PODER VIVIR SANA, LIBRE Y PLENAMENTE.

En el momento en el que aceptamos o adoptamos una caca como propia, ya estamos jodidos.

Social y familiarmente la caca juega un papel fundamental, es lo que nos desconecta de nuestros impulsos más revolucionarios (AMAR Y SER AMADO/A).

La caca tiene por otro lado una capacidad extraordinaria de metamorfosis. La podemos encontrar en formato EMOCIONAL (mentiras, creencias y falsas identificaciones del tipo: «eres un inútil», «tu amor no vale nada», «los hombres son todos unos capullos», «eres fea por eso déjate utilizar», etc.), FÍSICO (no me arreglo, como grasas saturadas, azúcar y drogas, insomnio, TV,…) PASIONAL (relaciones sexuales sin amor, explotación laboral, ruina económica, abusos, …).

Ahora, no se hundan ni asusten o depriman porque hay salida! LA CACA SIEMPRE QUEDA FUERA DEL PLANO ESPIRITUAL. Ajá, aquí la caca no tiene nada que hacer.

Así que mi recomendación PARA DISFRUTAR DE UNA VIDA LIBRE DE CACAS es: en cuanto os huela a caca….

1. CONECTAR CON VUESTRO ESPÍRITU DE HOMBRE O DE MUJER (que siempre buscan amar y ser amados)

2. RECHAZAR RADICALMENTE como propia la caca que os estén regalando, ofreciendo o colando como chocolate. Por mucho que os insistan en que la caca es vuestra, que venía con el pack de nacimiento o que es de mal gusto rechazarla NEGAROS ROTUNDAMENTE A ACEPTARLA. Que para eso somos ya adultos, para elegir elocuente y responsablemente.

3. LIMPIAR LO QUE HAYA SALPICADO (SI SE HA TRAGADO ESCUPIR SIN TAPUJOS) para conseguir tener y mantener el terreno limpio y poder pasar a buscar recibir/dar/crear cosas lindas PARA DISFRUTAR Y HACER DISFRUTAR.

CACA FUERA!

Naturaleza, poder y cultura del miedo

«¿Por qué ese silencio prolongado sobre el papel del miedo en la historia? Sin duda causa de una confusión mental ampliamente difundida entre miedo y cobardía, valor y temeridad. Por auténtica hipocresía se ha tendido durante mucho tiempo a camuflar las reacciones naturales que acompañan a la toma de conciencia de un peligro tras las apariencias de actitudes ruidosamente heroicas. La palabra miedo está cargada de tanta vergüenza que la ocultamos. Sepultamos en lo más profundo de nosotros el miedo que se nos agarra en las entrañas.

[…]

En todas las épocas, la exaltación del heroísmo es engañosa: como discurso apologético que es, deja en la sombra un amplio campo de la realidad.

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Miedo y cobardía no son sinónimos. Pero hay que preguntarse si el Renacimiento no quedó marcado por una toma de conciencia más nítida de las múltiples amenazas que pesan sobre los hombres en el combate y en otras partes, en este mundo y en el otro. De ahí la cohabitación muchas veces visible en las crónicas el tiempo, de comportamientos valerosos y actitudes temerosas en una misma personalidad.

[…]

EL MIEDO ES NATURAL

Haya o no más sensibilidad antes el miedo en nuestro tiempo, éste es un componente mayor de la experiencia humana, a pesar de los esfuerzos intentados para superarlo. «No hay hombre que esté por encima del miedo -escribe un militar- y que pueda vanagloriarse de escapar de él» Un guía de alta montaña a quien se le plantea la pregunta: «¿Le ha ocurrido tener miedo?», responde: «Siempre se tiene miedo de la tormenta cuando se la oye crepitar sobre las rocas. Se erizan los cabellos debajo de la boina».

Sartre escribe: «Todos los hombres tienen miedo. Todos. El que no tiene miedo no es normal, eso no tiene nada que ver con el valor»

[…]

La necesidad de seguridad es, por tanto, fundamental; está en la base de la afectividad y de la moral humanas. La inseguridad es símbolo de muerte, y la seguridad símbolo de vida. El compañero, el ángel guardián, el amigo, el ser benéfico es siempre aquel que difunde seguridad.

[…]

En animal no anticipa su muerte. El hombre, por el contrario, sabe -muy pronto- que morirá. Es, por tanto, el único que conoce el miedo en un grado tan temible y duradero.

El miedo de las especies animales es único, idéntico a sí mismo, inmutable: el miedo a ser devorado. Mientras que el miedo humano, hijo de nuestra imaginación, no es uno sino múltiple, no es fijo sino perpetuamente cambiante.

No obstante, el miedo es ambiguo. Inherente a nuestra naturaleza, es una muralla esencial, una garantía contra los peligros, un reflejo indispensable que permite al organismo escapar provisionalmente de la muerte. Sin el miedo ninguna especia habría sobrevivido. Pero si sobrepasa la dosis soportable, se vuelve patológico y crea bloqueos. Se puede morir de miedo, o al menos ser paralizado por él.

En los Cuentos de la Bécasse, Maupassant lo describe como «una sensación atroz, una descomposición del alma, un espasmo horrible del pensamiento y del corazón cuyo solo recuerdo proporciona al alma estremecimientos de angustia».

[…]

G. Simenon declara del mismo modo que el miedo es «un enemigo más peligroso que todos los demás».  Incluso actualmente, los indios -o incluso mestizos- de algunas aldeas remotas de México conservan entre sus conceptos el de la enfermedad del espanto o susto. Tener un espanto es «dejar al alma en otra parte».

[…]

En efecto, el miedo puede convertirse en causa de la involución de los individuos. Todo aquel que está dominado por el miedo corre el riesgo de disgregarse. Su personalidad se cuartea, la impresión de serenidad que da la adhesión al mundo desaparece; el ser se vuelve separado, otro extraño. El tiempo se detiene, el espacio mengua.

En el caso de Renée, una esquizofrénica estudiada por Mme. Sechehaye: cierto día de enero conoce por primera vez el miedo que le es aportado, según ella cree, por un gran viento anunciador de lúgubres mensajes. Pronto este miedo, al aumentar, acece la distancia entre Renée y el mundo exterior, cuyos elementos pierden progresivamente su realidad. La enferma confesaría más tarde: «El miedo, que antes era episódico, no me abandona ya. Todos los días estaba segura de sentirlo. Y luego los estados de irrealidad aumentaban también.

[…]

Tratándose de nuestra época, la expresión «enfermedades de civilización» se nos ha vuelto familiar. ¿Es que una acumulación de agresiones y de miedos, por tanto de stress emocionales, no ha provocado en Occidente, desde la peste negra a las guerras de religión, una enfermedad de la civilización occidental de la que finalmente ha salido victoriosa? A nosotros corresponde, mediante una especie de análisis espectral, individualizar los miedos particulares que entonces se sumaron para crear un clima de miedo.

«Miedos particulares». Aquí puede llegar a ser muy afectiva en el plano colectivo la distinción que la psiquiatría ha establecido en la actualidad en el plano individual entre miedo y angustia, antiguamente confundidas por la psicología clásica. Porque se trata de dos polos a cuyo alrededor gravitan palabras y hechos psíquicos a la vez emparentados y diferentes. El temor, el espanto, el pavor, el terror pertenecen más bien al miedo; la inquietud, la ansiedad, la melancolía, más bien a la angustia. El primero lleva hacia lo conocido, la segunda hacia lo desconocido. Por eso es más difícil de soportar que el miedo.

[…]

En los obsesos, la angustia se convierte en neurosis, y en los melancólicos en una forma de psicosis. Como la imaginación juega un papel importante en la angustia, ésta tiene su causa más en el individuo que en la realidad que lo rodea, y su duración no se encuentra, como la del miedo, limitada por la desaparición de las amenazas. Por eso es más propia del hombre que del animal. Distinguir entre miedo y angustia no equivale, sin embargo, a ignorar los vínculos en los comportamientos humanos. Miedos repetidos pueden crear una inadaptación profunda en un sujeto y conducirle a un estado de malestar profundo generador de crisis de angustia. Recíprocamente, un temperamento ansioso corre el riesgo de verse más sometido a los miedos que cualquier otro. Además el hombre dispone de una experiencia rica y de una memoria tan grande que sólo raramente experimenta miedos que en un cierto grado no estén penetrados de angustia. Reacciona, más todavía que el animal, a una situación desencadenante en función de sus vivencias anteriores y de sus «recuerdos».

Como el miedo, la angustia es ambivalente. Es presentimiento de lo insólito y expectativa de la novedad; vértigo de la nada y esperanza de una plenitud. Es a la vez temor y deseo. »

 

Extractos de «EL MIEDO EN OCCIDENTE» de Jean Delumeau. Ed. Taurus, 1989