DONDE LAS DAN, LAS TOMAN.  O más bien… DONDE LAS TOMAMOS, LAS DAMOS!

Qué importante es tener claro que lo que recibo, es lo que doy.
Si permito que me tomen el pelo, que me desprecien o que me anulen, en cuanto tenga la ocasión, el poder respecto a otro, voy a resarcir esa mala energía que me creó permitir semejante humillación y destrucción. La forma de descargase puede ser pasiva (no dar/hacer algo bueno) o activa, ir a destruir directamente.
Por lo general combinamos las dos. Para que no se note o para que cuele por más tiempo.

Sin embargo, si reaccionamos y nos decimos, se acabó, ni una más! Y en las próximas que nos quieran hacer de menos, utilizar o machacar nos defendemos o simplemente no lo permitimos -para empezar: no entrando al trapo o en la trampa- empezaremos a encontrar nuestro camino de la salvación.

Esto en el caso de las mujeres es un trabajo algo más arduo, teniendo en cuenta que las estructuras de la mayoría de sistemas (familiar, laboral, institucional,…) son por lo general de base y trayectoria machista y misógina.

Pero ¿queda otra opción que coger cada uno su autoridad, que viene del alma, y entregarse a defender para poder limpiar el camino y poder crear y construir? Sí, la muerte.

Ahí cada uno es libre de elegir. Al gusto y libre albedrío!